Alguna vez Discreta Strómboli, la afamada precursora de la fotografía futurista
de la Escuela de Arte Moderno de la ciudad de Siracusa, se preguntó acerca del
valor del arte en tiempos de una pandemia. Su pregunta, tomada en un principio
a la ligera, e incluso como objeto de burlas por parte de sus contemporáneos, se
tornó, al poco tiempo en una certeza espeluznante, cuando la mismísima ciudad fue
escenario de la terrible peste “Avant Garde” que aniquiló incontables vidas
clásicas y sembró el terror en las estructuras mismas del arte europeo. La pregunta
de Discreta terminó siendo en ese contexto, un disparador para que en los meses
que duró su confinamiento sanitario, pudiese embarcarse en un frenesí creativo en
busca de la esencia del sentido del arte en la vida y la muerte humana. Entre las
abundantes obras producidas, Discreta logró concebir lo que hoy se conoce como
la expectación futurística muerta, en esta idea, la artista, luego de un sinfín
de pruebas, pudo componer la única foto en la que, en un mismo espacio, el tiempo
y sus dimensiones podían ser visibles en los distintos cortes de la imagen, a
saber: en una parte un grupo de frutas rejuvenecían al punto de hacerse apenas
unas pequeños brotes, en otra, un pájaro permanecía en un presente perpetuo y
en otra parte, ella envejecía sin remedio, esperando el fin del tiempo pandémico
en que orgullosa le mostraría al mundo
que las canas en su cabeza eran el premio a su exaltación del arte, pero por
sobre todo, un homenaje a su inquebrantable paciencia.
De las tradiciones más excéntricas de Europa del Este podemos mencionar la doma porcina, una de las prácticas mas antiguas de la ciudad de Zaporiyia en Ucrania. De aquella competencia, los más ancianos narran aún las historias de las imbatibles hermanas Aloysha e Irina Polyakova, quienes entre 1908 a 1914 fueron las indiscutibles campeonas en la ciudad y en los certámenes regionales. Cabe mencionar que el secreto de las hermanas nunca fue develado, aunque algunos sospechan que sus victorias se debían a la simpática Aloysha y su destreza con los pies, con los que realizaba unas placenteras caricias en el hocico del animal mientras era montado.

LO DE LAS CANAS EN SU CABEZA ME RECUERDA ALGO.........
ResponderEliminaresteeeeeeemmmmm
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