Desde su fundación, en 1854, la Universidad Autónoma de Chiapas en
México lleva a cabo una pormenorizada investigación científica sobre el
comportamiento humano bajo la presión de una cuarentena. En 1954 y a raíz de la
llamada fiebre del mescal ocurrida 10 años antes, publicó un informe que
concluía, lo que hoy es ampliamente sabido acerca de los beneficios que tiene
para la salud realizar actividad física en el encierro y así soportar los días
de claustro hogareño. Pero lo que el estudio nunca contó, y hoy sabemos gracias
a la incansable pesquisa del Dr. Marcelino Salas, es que ese conocimiento se lo
debemos a cuatro infortunadas estudiantes del colegio de Nuestras Sagradas
Mantillas: Margarita Gutierrez, Dolores Zapata, Rocío Villa y Esperanza
Zaldivar, las bellas cheerleaders con conciencia social que, apenas declarada
la pandemia, se organizaron con el laureado director de cine mexicano Ramón
Urpadilla, para la producción de una película en la que realizarían el primer
tutorial de la historia de ejercicios en casa. Si bien el experimento salió
como se esperaba y pudo salvar del aburrimiento a miles de personas, el destino
de las animadoras no fue tan prodigioso, ya que las infatigables horas de ensayo
y las aún más interminables tomas de uno de los cineastas más obsesivos del
momento llevó a las animadoras al borde de la pérdida completa de la razón. Hoy estas heroínas han caído en el olvido, aunque hay quienes afirman que en un
canal perdido de Youtube se las puede ver en uno de sus tutoriales y que
el mismo es de lo más entretenido.
De las tradiciones más excéntricas de Europa del Este podemos mencionar la doma porcina, una de las prácticas mas antiguas de la ciudad de Zaporiyia en Ucrania. De aquella competencia, los más ancianos narran aún las historias de las imbatibles hermanas Aloysha e Irina Polyakova, quienes entre 1908 a 1914 fueron las indiscutibles campeonas en la ciudad y en los certámenes regionales. Cabe mencionar que el secreto de las hermanas nunca fue develado, aunque algunos sospechan que sus victorias se debían a la simpática Aloysha y su destreza con los pies, con los que realizaba unas placenteras caricias en el hocico del animal mientras era montado.
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