A Guillermina Nacht, hija del famoso escultor Bávaro Eduard Nacht, poco
le importaban las consecuencias de la temida influenza prusiana de 1894. Su espíritu
libertario, unido a sus estudios en las incipientes ciencias de la epidemio-morfología
corporal la llevó a combatir la pandemia
con todas las armas a su disposición, a saber: las provenientes de la medicina,
como así también una amazónica actitud de guerrera huna, herencia de las practicas
en el estudio de su padre como modelo de sus esculturas. Wilhem Roche, colega suyo
del Hospital General de Baviera recordaba en un diario intimo encontrado en
1995: “a veces nos asustábamos de la bravura de Guille (como le decíamos) e
incluso llegábamos a sospechar de sus estabilidad psíquica, pero los excelentes
resultados con sus pacientes demostraban que no estaba para nada equivocada y
que evidentemente, al virus lo espantaba su inquietante bravura”.
De las tradiciones más excéntricas de Europa del Este podemos mencionar la doma porcina, una de las prácticas mas antiguas de la ciudad de Zaporiyia en Ucrania. De aquella competencia, los más ancianos narran aún las historias de las imbatibles hermanas Aloysha e Irina Polyakova, quienes entre 1908 a 1914 fueron las indiscutibles campeonas en la ciudad y en los certámenes regionales. Cabe mencionar que el secreto de las hermanas nunca fue develado, aunque algunos sospechan que sus victorias se debían a la simpática Aloysha y su destreza con los pies, con los que realizaba unas placenteras caricias en el hocico del animal mientras era montado.
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