Clarice
inspektor garabateaba sobre el papel ideas para un cuento fantástico. Intentaba
ganar una vez más el premio literario que el metro de Santiago lanzaba año a año
desde la irrupción de la gripe cuántica que paralizó al mundo. Por una u otra
razón, la inspiración le era esquiva y de igual manera el galardón tan deseado, hasta
que tras muchos ensayos y noches en vela, Clarice produjo un fenómeno literario-científico
que la confinó en un error presente, pasado y futuro perpetuo. Un loop en el
que el fin del sofocante encierro se correspondía cíclicamente con su permanente insistencia, e inicio.
De las tradiciones más excéntricas de Europa del Este podemos mencionar la doma porcina, una de las prácticas mas antiguas de la ciudad de Zaporiyia en Ucrania. De aquella competencia, los más ancianos narran aún las historias de las imbatibles hermanas Aloysha e Irina Polyakova, quienes entre 1908 a 1914 fueron las indiscutibles campeonas en la ciudad y en los certámenes regionales. Cabe mencionar que el secreto de las hermanas nunca fue develado, aunque algunos sospechan que sus victorias se debían a la simpática Aloysha y su destreza con los pies, con los que realizaba unas placenteras caricias en el hocico del animal mientras era montado.

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