De los abundantes hechos clasificados como verdaderas “rara avis” de las
pandemias mundiales, el de Inclemencia Garibaldi, una profesora de ciencias
naturales y físicas del instituto Dr. Frapuccino en Caiazzo, al norte de Italia
es, por lejos, uno de los más extraños. La historia de Inclemencia transcurrió
durante la cuarentena obligatoria, decretada en 1912 a causa de la terrible gripe
Cuántica. La científica trabajaba en su tesis doctoral, sobre las radiaciones
escatológicas y su consecuente afectación en el movimiento de las partículas subatómicas,
cuando la orden de encierro la dejó enclaustrada en su laboratorio por seis
meses. Con el estudio de los diarios encontrados luego de la emergencia sanitaria, se supo que Inclemencia habría dado con una particularísima forma de entender la esquiva
naturaleza de los agujeros negros, entendiendo a estos como portales a
universos paralelos y lo más extraño era, que afirmaba haber detectado algunas
de estas partículas emergiendo de ciertas partes del cuerpo humano. Lamentablemente
nada se supo de ella, ya que al ingresar al laboratorio sus colegas constataron que literalmente Inclemencia se había esfumado, según ellos, al ser víctima de los efectos de su investigación. Solo le sobrevivieron sus notas, pero no sirvieron de mucho ya que conforme
se avanzaba en su lectura, pasaban de ser los informes de una eminente científica a ser los pensamientos sueltos de una joven para mutar a ser ingenuos deseos de amor de una adolescentes y luego los juegos inocentes de una niña hasta que al fin, eran solo unos ilegibles garabatos parecidos a los que hace un bebé cuando apenas si sabe tomar una
lapicera.
De las tradiciones más excéntricas de Europa del Este podemos mencionar la doma porcina, una de las prácticas mas antiguas de la ciudad de Zaporiyia en Ucrania. De aquella competencia, los más ancianos narran aún las historias de las imbatibles hermanas Aloysha e Irina Polyakova, quienes entre 1908 a 1914 fueron las indiscutibles campeonas en la ciudad y en los certámenes regionales. Cabe mencionar que el secreto de las hermanas nunca fue develado, aunque algunos sospechan que sus victorias se debían a la simpática Aloysha y su destreza con los pies, con los que realizaba unas placenteras caricias en el hocico del animal mientras era montado.

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