De las muchas historias que transcurrieron durante la llamada Fiebre azul
del Sena y que fueran recopiladas por el eminente profesor Oscar Mercie en la Encyclopédie des rares cas de
pandémies. La de Joan Merveilleux y Christopher Consomé es una de más
llamativas. El Calvario de estos dos empleados de una de las mas importantes
financieras de la desaparecida ciudad de Pompidou comenzó el día en que, por
falta de personal, fueron reubicados en una misma oficina. Lo que nadie sabía,
era la compulsión altamente hipocondríaca de ambos. Alain Bicuit, colega de
estos infortunados agentes financieros y testigo directo del caso, relata que a
eso de las 7:45 de la mañana del día 14 de febrero de 1902, Joan se aproximó al
escritorio de Chistopher para que este le sellara un documento, pero que al
hacerlo, antes desinfectara el sello, a lo que este le respondió que debía
hacer lo mismo con su formulario y con la porción del escritorio donde se había
apoyado, y así, ambos comenzaron una frenética escalada de sospechas
epidemiológicas que los llevó a sostener que solo desnudos podrían seguir
trabajando juntos. Pero eso no fue todo, ya que la compulsión a mantenerse
asilado de toda fuente de posible contagio, pero unidos en pos de sostener el
sistema financiero, los llevó a trasladar su oficina a una de las playas de Pompidou
y a comunicarse mediante un código ejecutado por unas pequeñas flautas hechas
con los restos secos de un alga. Si bien los estudios de La enciclopedia los
dio por perdidos algunos testigos de la época afirmaron escuchar unos leves
pitidos que emergían de las costas, algo así como una melodía encantadora y
triste como el embrujo de una sirena.
De las tradiciones más excéntricas de Europa del Este podemos mencionar la doma porcina, una de las prácticas mas antiguas de la ciudad de Zaporiyia en Ucrania. De aquella competencia, los más ancianos narran aún las historias de las imbatibles hermanas Aloysha e Irina Polyakova, quienes entre 1908 a 1914 fueron las indiscutibles campeonas en la ciudad y en los certámenes regionales. Cabe mencionar que el secreto de las hermanas nunca fue develado, aunque algunos sospechan que sus victorias se debían a la simpática Aloysha y su destreza con los pies, con los que realizaba unas placenteras caricias en el hocico del animal mientras era montado.

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