El Gobierno de la pequeña ciudad de Ivángorod en la antigua Rusia fue uno de los primeros gobiernos en lograr
detener el avance de la peligrosa peste desatada en la ciudad de San Petersburgo,
en el aciago año de 1924. La Gripe Eslava, como sería conocida, fue una de las influenzas
más curiosamente oscura que se recuerde en los anales de la historia médica
mundial. Sus síntomas comenzaban con un incremento en las temperaturas de los órganos
sexuales del infectado, para luego, tras un desvarío ideológico perdía
toda esperanza en el futuro. De no haber sido por los esfuerzos de valientes
como Nicolai Sorocovich, o Nikkita Petrova, quienes recorrieron incansablemente
las casas de la pequeña ciudad palpando las temperaturas a los posibles
enfermos, incluso entre ellos mismos, la peste habría desanimado a toda la
especie humana y las víctimas se habrían contado por millones.
De las tradiciones más excéntricas de Europa del Este podemos mencionar la doma porcina, una de las prácticas mas antiguas de la ciudad de Zaporiyia en Ucrania. De aquella competencia, los más ancianos narran aún las historias de las imbatibles hermanas Aloysha e Irina Polyakova, quienes entre 1908 a 1914 fueron las indiscutibles campeonas en la ciudad y en los certámenes regionales. Cabe mencionar que el secreto de las hermanas nunca fue develado, aunque algunos sospechan que sus victorias se debían a la simpática Aloysha y su destreza con los pies, con los que realizaba unas placenteras caricias en el hocico del animal mientras era montado.

Comentarios
Publicar un comentario