En la
pequeña ciudad de Tallin en la, para entonces, recién formada gobernación
autónoma de Estonia, el ruso Alexandre Zukorov, miembro destacado del partido
bolchevique comunista, conversa con Kaisa Belov, ama de llaves del único hotel
frente a la estación de trenes. Kaisa le recuerda, casi como un sutil llamado
de atención, que es costumbre de la ciudad no tocar las rodillas de las
señoritas, eso está muy mal visto por los estonios y por el partido.
De las tradiciones más excéntricas de Europa del Este podemos mencionar la doma porcina, una de las prácticas mas antiguas de la ciudad de Zaporiyia en Ucrania. De aquella competencia, los más ancianos narran aún las historias de las imbatibles hermanas Aloysha e Irina Polyakova, quienes entre 1908 a 1914 fueron las indiscutibles campeonas en la ciudad y en los certámenes regionales. Cabe mencionar que el secreto de las hermanas nunca fue develado, aunque algunos sospechan que sus victorias se debían a la simpática Aloysha y su destreza con los pies, con los que realizaba unas placenteras caricias en el hocico del animal mientras era montado.

Comentarios
Publicar un comentario