Gretta
Hausmann había aprendido el oficio de fotógrafa desde muy pequeña. Su padre
Otto, un importante fotógrafo de la ciudad de Praga le había enseñado que lo
mas importante de ese arte es la búsqueda incansable de buenas ideas, y por
ello, la aconsejaba diciéndole “el fotógrafo no debe ser nunca el centro de
atención sino solo un observador invisible, paciente y atento a las pequeñas historias
detrás de cada imagen". Al día de hoy, se conocen grandes colecciones del trabajo de Gretta, pero
nunca, en ninguna de las pocas fotos de la época en la que fue retratada se ha podido vislumbrar ni un solo vestigio del rostro de la joven artista de Praga.
De las tradiciones más excéntricas de Europa del Este podemos mencionar la doma porcina, una de las prácticas mas antiguas de la ciudad de Zaporiyia en Ucrania. De aquella competencia, los más ancianos narran aún las historias de las imbatibles hermanas Aloysha e Irina Polyakova, quienes entre 1908 a 1914 fueron las indiscutibles campeonas en la ciudad y en los certámenes regionales. Cabe mencionar que el secreto de las hermanas nunca fue develado, aunque algunos sospechan que sus victorias se debían a la simpática Aloysha y su destreza con los pies, con los que realizaba unas placenteras caricias en el hocico del animal mientras era montado.

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