Es
bien sabido que las carmelitas descalzas del convento de Georgetown,
perteneciente a la catedral de Saint George, no dejan nunca sus tareas a medio hacer, y mucho menos
si se trata de verificar que todos los botones de la sotana del cura del la
iglesia, el padre Harrison, estén en su sitio. Las ponzoñosas y envidiosas
lenguas de las compañeras de Sor Anastasia Lidell solían inventar historias
acerca del empeño que la monjita ponía en dicho menester.
De las tradiciones más excéntricas de Europa del Este podemos mencionar la doma porcina, una de las prácticas mas antiguas de la ciudad de Zaporiyia en Ucrania. De aquella competencia, los más ancianos narran aún las historias de las imbatibles hermanas Aloysha e Irina Polyakova, quienes entre 1908 a 1914 fueron las indiscutibles campeonas en la ciudad y en los certámenes regionales. Cabe mencionar que el secreto de las hermanas nunca fue develado, aunque algunos sospechan que sus victorias se debían a la simpática Aloysha y su destreza con los pies, con los que realizaba unas placenteras caricias en el hocico del animal mientras era montado.

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