Gervacio
Azcuénaga, el Renombrado chef de las
islas Canarias, solía mencionar que el éxito de su arte en la cocina se debía principalmente
a su compulsión con el orden y la limpieza de su lugar de trabajo, por ello era
extremadamente cuidadoso con todo lo involucrado en el proceso de cocción de
sus famosos platos. Se afanaba en conseguir productos siempre frescos y perfectamente
refrigerados, aseguraba lavarse las manos no menos de trece veces antes de cada
faena, pero por sobre todas las cosas lo obsesionaba no provocar ninguna contaminación por lo que dentro de la cocina mantenía los zapatos cubiertos y de
esa manera evitaba la propagación de impurezas
del exterior. Eso si, siempre, absolutamente siempre, Gervacio se ufanaba en
mantener todas y cada una de sus herramientas protegidas y en un estado de perfecta
y absoluta esterilización.
De las tradiciones más excéntricas de Europa del Este podemos mencionar la doma porcina, una de las prácticas mas antiguas de la ciudad de Zaporiyia en Ucrania. De aquella competencia, los más ancianos narran aún las historias de las imbatibles hermanas Aloysha e Irina Polyakova, quienes entre 1908 a 1914 fueron las indiscutibles campeonas en la ciudad y en los certámenes regionales. Cabe mencionar que el secreto de las hermanas nunca fue develado, aunque algunos sospechan que sus victorias se debían a la simpática Aloysha y su destreza con los pies, con los que realizaba unas placenteras caricias en el hocico del animal mientras era montado.

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